El niño que sobrevivió: destino, libertad y el peso de la elección

Entre la Magia y la Razón: Filosofía en el Mundo de Harry Potter (Parte I)

Hay mitos que nacen para recordarnos que la libertad humana es siempre una batalla contra lo inevitable.

Harry Potter, “el niño que sobrevivió”, no solo encarna la lucha entre el bien y el mal, sino el conflicto eterno entre el destino y la voluntad. Bajo la superficie mágica de su historia, late una pregunta profundamente humana: ¿somos autores de nuestra vida o meros actores de un guion ya escrito?

Durante las próximas semanas, esta serie explorará la filosofía que habita en los muros de Hogwarts: el poder, la muerte, la amistad, el conocimiento y la redención. Pero toda búsqueda empieza con la pregunta más antigua: ¿puede el hombre elegir su camino, o solo caminar el que le fue dado?

I. La profecía y el mito del elegido

Harry no pidió ser un héroe. Antes de nacer, su destino fue pronunciado por labios ajenos:

“Ninguno puede vivir mientras el otro sobreviva.”

Esa frase, repetida como un eco bíblico, lo encadena a Voldemort y lo transforma en símbolo.

Pero, ¿qué es un símbolo sino una carga impuesta por los otros?

Desde ese momento, Harry deja de pertenecer a sí mismo: su vida, sus pérdidas y hasta su dolor parecen servir a un propósito mayor.

Este dilema no es exclusivo de la ficción. La filosofía griega ya lo había planteado bajo el nombre de moira, el destino tejido por las Parcas. Nadie, ni siquiera los dioses, podía escapar de él. Edipo, creyendo huir de su profecía, termina cumpliéndola con precisión trágica. Lo mismo ocurre con Voldemort: en su intento por evitar ser destruido por un niño, le entrega a ese niño el poder de destruirlo.

Pero Harry Potter no es una tragedia griega. Es, más bien, una reflexión moderna sobre la libertad. Rowling nos plantea: si la profecía dice que uno debe morir, ¿quién elige cuándo y cómo vivir hasta ese momento?

II. El peso de lo inevitable

El destino, entendido como fuerza ciega, parece anular la responsabilidad. Si todo está escrito, la moral se disuelve: nadie es culpable, nadie es libre.

Sin embargo, Dumbledore rompe esa lógica cuando le dice a Harry que la profecía solo tiene poder si él decide actuar conforme a ella.

El mensaje es claro: el destino no dicta los actos, solo ofrece un marco donde la libertad se revela.

Sartre lo expresaría siglos después: el ser humano está condenado a ser libre. No puede escapar de elegir, incluso cuando decide no hacerlo. La angustia que esto produce —la sensación de estar suspendido sobre el abismo de las posibilidades— es el precio de la conciencia.

Harry carga con esa angustia desde niño. No elige su cicatriz, pero elige no convertirse en lo que teme. En su dolor, en su rabia, incluso en su miedo, siempre hay una elección: no odiar. Esa es su verdadera magia.

III. La libertad frente al miedo

A diferencia de Voldemort, que busca controlar la muerte y dominar la vida, Harry aprende a convivir con la incertidumbre. La filosofía existencialista diría que su libertad consiste precisamente en actuar sin garantías.

Vivir, para él, no es saber el final, sino atreverse a caminar hacia él con dignidad.

El miedo, en cambio, es el gran enemigo de la libertad.

El miedo al dolor llevó a Voldemort a dividir su alma; el miedo a la culpa llevó a Peter Pettigrew a traicionar a sus amigos; el miedo al poder llevó al Ministerio a negar la verdad. Cada personaje que renuncia a decidir, cae.

En cambio, quienes se atreven —aunque fracasen— se elevan.

Harry, Hermione, Ron, incluso Snape, son ejemplos de libertad asumida: deciden actuar sabiendo que el resultado puede ser la muerte. Y en esa aceptación, se vuelven invencibles.

IV. El héroe y la conciencia

El arquetipo del “elegido” suele ocultar una trampa: la idea de que algunos nacen para ser grandes.

Pero en el universo de Harry Potter, el heroísmo no se hereda, se construye. No es una cuestión de sangre, sino de conciencia.

Aristóteles definía la virtud como el hábito de elegir bien, y Rowling lo traduce en una pedagogía moral: los personajes aprenden a ser quienes son mediante sus decisiones.

“Son nuestras decisiones las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades.”

Con esa frase, Dumbledore rompe la lógica del privilegio.

Harry, huérfano y sin poder extraordinario más allá del amor que recibió, representa al ser humano común que elige el bien aun cuando todo empuja en sentido contrario.

V. La mirada trágica: Kierkegaard y la fe del absurdo

Para Kierkegaard, la verdadera fe surge cuando el individuo se enfrenta a lo imposible y decide saltar, sin certezas.

Harry vive ese salto en la escena final de Las Reliquias de la Muerte, cuando camina hacia el Bosque Prohibido sabiendo que va a morir. No lo hace por esperanza de triunfo, sino por convicción moral.

Ese momento es la síntesis del “caballero de la fe”: quien actúa no porque crea que será salvado, sino porque su deber interior no le permite otra cosa.

Caminar hacia la muerte con serenidad es el acto de libertad más radical.

Allí, Harry supera el destino y lo redime: acepta morir, pero al hacerlo, lo transforma en vida. La profecía se cumple, sí, pero bajo su propia voluntad.

VI. El espejo del lector

Lo que hace que la historia resuene más allá de su magia es que todos somos, en algún sentido, el niño que sobrevivió.

Cada ser humano carga con un pasado que no eligió y con circunstancias que lo condicionan. Pero también con la posibilidad de responder, de decidir qué hacer con lo recibido.

La filosofía de Harry Potter no es la del fatalismo, sino la de la responsabilidad. Nos recuerda que, aunque no podamos escoger nuestras heridas, sí podemos elegir qué significan.

El destino, en última instancia, no es lo que nos ocurre, sino lo que hacemos con lo que nos ocurre.

VII. El cierre del círculo

Cuando Harry se presenta ante Voldemort desarmado, hay una serenidad que no es resignación, sino entendimiento.

Ha comprendido lo que ni su enemigo ni muchos adultos entendieron: que la vida no consiste en evitar la muerte, sino en merecerla.

Esa lucidez final es el signo de la madurez filosófica. El héroe no vence al destino; lo acepta, y al hacerlo, lo libera de su tiranía.

Dumbledore lo sabía desde el principio: el poder de Harry nunca estuvo en sus hechizos, sino en su capacidad de elegir el amor sobre el miedo.

Y esa elección —tan humana, tan frágil— es lo único que mantiene la esperanza viva en cualquier mundo, mágico o no.

VIII. Epílogo: la magia como pregunta

La magia, entendida así, no es un recurso narrativo, sino una metáfora de la libertad.

Hechizar no es controlar, sino transformar. Toda palabra mágica es una afirmación de voluntad: accio, lumos, expecto patronum.

Cada conjuro es una declaración contra la pasividad: la voz humana pronunciando su poder sobre la oscuridad.

Rowling, quizá sin proponérselo, construyó una mitología moderna donde la filosofía se disfraza de fantasía.

El verdadero encanto de su obra no está en los hechizos, sino en la reflexión que provoca: ¿qué haríamos nosotros si una profecía nos señalara? ¿Elegiríamos ser libres, aun sabiendo que el precio puede ser la muerte?

Conclusión

Harry Potter sobrevive no porque esté destinado a hacerlo, sino porque elige una y otra vez no renunciar a su humanidad.

Ese es el núcleo ético de su historia: no hay destino que venza a quien decide ser libre.

Y, tal vez, en esa elección silenciosa, radique la verdadera magia.

Referencias

Aristóteles. (2004). Ética a Nicómaco (T. Gutiérrez, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original c. 350 a.C.)

Kant, I. (1785/2005). Fundamentación de la metafísica de las costumbres (J. G. V. R., Trad.). Ediciones Akal.

Sartre, J.-P. (1943/2007). El ser y la nada (R. López, Trad.). Ediciones Cátedra.

Kierkegaard, S. (1843/2006). Temor y temblor (J. Rivera, Trad.). Fondo de Cultura Económica.

Rowling, J. K. (1998). Harry Potter and the Chamber of Secrets. Bloomsbury Publishing.

Rowling, J. K. (2003). Harry Potter and the Order of the Phoenix. Bloomsbury Publishing.

Rowling, J. K. (2007). Harry Potter and the Deathly Hallows. Bloomsbury Publishing

Publicado por Angel Bautista

Apasionado por el pensamiento crítico y la reflexión. Escribo para explorar ideas, libros y experiencias que invitan a cuestionar el mundo y mirarlo con mayor profundidad. Aletheia es el reflejo de esa búsqueda: pensar con libertad y compartir preguntas más que respuestas.

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